En Getsemaní, Jesús expresó tristeza y angustia. No presentó una imagen distante del sufrimiento. Dijo a sus discípulos que su alma estaba muy triste y se apartó para orar.
Este pasaje nos da permiso para abandonar la idea de que una oración de fe siempre debe sonar fuerte. Jesús llevó delante del Padre lo que sentía realmente.
La oración sincera no es falta de fe
Jesús pidió que, si era posible, aquella copa pasara de Él. Después añadió: “no como yo quiero, sino como tú”. Hay honestidad y entrega en una misma oración.
Podemos decirle a Dios lo que deseamos. Podemos pedir alivio, una puerta abierta, una respuesta o un cambio. La rendición no consiste en negar nuestros deseos, sino en colocar el resultado final en manos de Aquel en quien confiamos.
Cuando otros se duermen
Los discípulos no lograron acompañar a Jesús como Él les había pedido. Se quedaron dormidos. Hay momentos en los que incluso las personas que nos aman no alcanzan a comprender del todo nuestra carga.
Getsemaní recuerda que podemos seguir hablando con el Padre aun cuando el apoyo humano sea limitado. La soledad emocional no tiene que convertirse en aislamiento espiritual.
Después de orar, Jesús se levantó
La situación externa no desapareció, pero Jesús salió del huerto dispuesto a continuar. Hay oraciones que cambian las circunstancias y otras que nos fortalecen para atravesarlas.
A veces la respuesta que necesitamos es precisamente esa fortaleza: claridad para el siguiente paso y gracia suficiente para caminarlo.
