Jesús contó la historia de una higuera que llevaba tiempo sin producir fruto. El dueño quería cortarla, pero el encargado pidió una oportunidad más: cavaría alrededor, la abonaría y esperaría otro tiempo.

La imagen reúne dos verdades que necesitamos mantener juntas: Dios busca fruto en nuestra vida y, al mismo tiempo, muestra paciencia en nuestro proceso.

La paciencia no significa estancamiento

La gracia no es una excusa para permanecer exactamente igual. En la parábola, la nueva oportunidad viene acompañada de cuidado, trabajo y expectativa. Hay tierra que remover y alimento que recibir.

También en nosotros el crecimiento suele requerir procesos: aprender, corregir hábitos, pedir perdón, establecer límites, volver a la Palabra y permitir que Dios trate áreas que habíamos evitado.

No desprecies los procesos lentos

No todo fruto aparece de un día para otro. Algunas raíces necesitan tiempo antes de que algo visible ocurra. Podemos frustrarnos porque todavía no somos quienes quisiéramos ser, pero eso no significa que no exista crecimiento.

La pregunta útil no es solamente “¿ya llegué?”, sino también “¿estoy permitiendo que Dios trabaje en mí?”.