Jairo llegó hasta Jesús con una urgencia que no admitía demora: su hija estaba muriendo. Se acercó, se postró y pidió ayuda. Jesús comenzó a caminar con él, pero en el trayecto ocurrió algo inesperado: otra persona necesitó atención y el camino se detuvo.

Para quien espera una respuesta urgente, una pausa puede sentirse como abandono. Mientras Jesús atendía a la mujer que había tocado su manto, Jairo seguía allí, viendo pasar los minutos que para él significaban vida o muerte.

La espera también forma parte del camino

A veces pensamos que si Dios va a responder, debe hacerlo de inmediato. Sin embargo, la Biblia muestra muchas historias donde la respuesta llega después de una espera. La demora no siempre es una negativa; algunas veces es el escenario en el que nuestra fe aprende a sostenerse sin controlar el resultado.

Jairo no recibió explicaciones sobre la pausa. Simplemente tuvo que continuar cerca de Jesús. Esa cercanía es importante: cuando no entendemos el tiempo de Dios, todavía podemos decidir con quién caminamos mientras esperamos.

Cuando llega la noticia que temíamos

Entonces llegó el mensaje: la niña había muerto. Todo parecía terminado. Pero Jesús respondió con una frase que cambió la dirección de aquel momento: “No temas, cree solamente”. No estaba negando el dolor ni fingiendo que nada había sucedido. Estaba invitando a Jairo a no permitir que el miedo tuviera la última palabra.

La fe bíblica no consiste en actuar como si los problemas no existieran. Consiste en seguir confiando en Dios aun cuando la realidad cambia de una forma que no queríamos.

Dios no llega tarde a nuestra historia

Jesús entró en la casa, tomó a la niña de la mano y la levantó. Para Jairo, lo que parecía una demora irreversible terminó mostrando que el poder de Jesús no estaba limitado por el reloj ni por las noticias recibidas en el camino.

No todas nuestras historias terminan como la de Jairo, y la fe no es una fórmula para obtener exactamente lo que deseamos. Pero este relato sí nos recuerda algo firme: una espera no demuestra ausencia. Podemos atravesar el silencio sin concluir que Dios nos ha dejado solos.