Reflexión

Hay días en los que la mente corre más rápido que el corazón. Pensamos en lo que falta, en lo que podría salir mal y en todas las decisiones que todavía no sabemos tomar. En esos momentos, detenerse puede parecer improductivo.

Sin embargo, la quietud bíblica no es indiferencia. Es un acto de confianza. Significa recordar que nuestra vida no depende únicamente de nuestra capacidad de mantener todo bajo control.

Hoy no necesitas resolver cada asunto de una vez. Haz lo que corresponde a este día y entrega a Dios aquello que todavía no puedes ordenar.

Oración

Señor, aquieta mi mente. Dame claridad para lo que sí puedo hacer hoy y paz para confiarte lo que todavía no puedo resolver.

Para hoy

Toma cinco minutos sin pantalla ni distracciones. Respira con calma y repite lentamente: “Tú eres Dios; yo puedo confiar”.